Poteras para calamar: cómo elegirlas
La potera es un señuelo raro: no lleva anzuelos, no imita bien a nada y aun así funciona mejor que casi cualquier otra cosa. Lo que decide si pescas o no es el ritmo de caída, no el color, y esa es la parte que casi nunca se explica en las fichas de producto. Aquí va lo que hay que mirar, cómo se anima y qué dice exactamente la ley española.
Qué es una potera y por qué el calamar la ataca
Una potera es un señuelo con cuerpo de gamba y, en la cola, una o dos coronas de agujas finas hacia arriba. No hay anzuelo con muerte: el calamar abraza el señuelo con los tentáculos y se queda enganchado en las agujas al tirar. Por eso la potera no se clava, se «cobra».
El calamar no muerde por hambre pura: caza por reacción, y ataca lo que cae de forma creíble. De ahí la clave de todo: la potera trabaja en la caída, no en la recogida. Todo lo que hagas con la caña sirve para colocarla arriba y dejarla caer bien; el ataque llega en esa bajada.
Las cuatro cosas que hay que mirar
1. La talla (y no es el color, aunque lo parezca)
Las poteras se miden en «tallas» que van, en la práctica, de 1.5 a 4.0. No es una medida de centímetros exacta, es un estándar de la industria que combina largo y peso:
- 1.5-2.0: calamar pequeño, sepionet, aguas muy someras y claras. Muy poco peso, muy difícil de lanzar con viento.
- 2.5: agua clara, poco fondo, calamar receloso. La talla de rescate cuando la 3.0 no consigue picadas.
- 3.0: el estándar. Si vas a comprar tres poteras, que dos sean de esta talla. Lanza bien desde costa, cae a un ritmo razonable y sirve casi siempre.
- 3.5: corriente, viento, más fondo o calamar grande. Cae más rápido y pesa más, lo que también significa más distancia de lance.
- 4.0: barca, fondos profundos y corriente fuerte.
2. El ritmo de caída
Es el dato más importante y el que menos gente mira. Las poteras se clasifican por la velocidad a la que descienden, y los fabricantes suelen indicarlo en segundos por metro:
- Basic o normal: alrededor de tres segundos por metro. El punto de partida.
- Shallow o slow: cae más despacio, se mantiene más tiempo en la franja alta. Para poco fondo, praderas de posidonia y calamar apático.
- Deep o rapid: cae más rápido. Para corriente, viento o cuando necesitas llegar al fondo antes de que la línea se abombe.
La regla práctica: si tocas fondo demasiado pronto y te enganchas, necesitas una más lenta; si nunca llegas a la zona del calamar, una más rápida. Cambiar de ritmo de caída resuelve muchas más jornadas que cambiar de color.
3. La tela y el color
El cuerpo lleva una lámina interior (a menudo dorada, plateada o roja) recubierta por una tela exterior. La lámina es el destello; la tela es el tono que se ve. En la práctica:
- Agua clara y luz: tonos naturales —marrón, oliva, ámbar— con base dorada.
- Agua turbia o poca luz: naranja, rosa, chartreuse, con base plateada o roja.
- Noche cerrada: siluetas oscuras o poteras con cuerpo fosforescente cargado con linterna. Ojo con esto último: cargar la potera no es lo mismo que iluminar el agua, y la diferencia importa legalmente (ver más abajo).
La base roja es la elección por defecto cuando no sabes qué poner. Y si un color no da picadas en veinte minutos, antes de cambiarlo prueba a cambiar la profundidad y el ritmo.
4. La corona de agujas
Doble corona sujeta mejor y es lo estándar para calamar. Corona simple pincha menos y se usa más en sepia. Mira que las agujas estén bien alineadas y sin óxido: una potera oxidada engancha peor y se rompe en el peor momento. Y guárdalas en una caja con separadores, porque si se tocan entre sí se desalinean solas.
Lo que dice la ley española (esto casi nadie lo cuenta bien)
La potera tiene un estatus legal explícito, no ambiguo, y con una prohibición asociada que mucha gente incumple sin saberlo.
- La potera es un aparejo permitido. El artículo 11 del Real Decreto 347/2011, que regula la pesca marítima de recreo en aguas exteriores, dice literalmente que «los aparejos permitidos son la línea de mano, caña, curricán, volantín y potera». Está por su nombre.
- El calamar es especie autorizada. El artículo 4 remite al anexo I, que enumera las especies capturables; entre los cefalópodos figura Loligo spp., es decir, los calamares.
- Las luces de atracción están prohibidas desde embarcación. El artículo 12 prohíbe expresamente «el empleo de cualquier medio de atracción o concentración artificial de las especies a capturar y, de forma expresa, el uso de luces a tal objeto», con la única excepción del brumeo con pequeños pelágicos. Está en el capítulo de pesca desde embarcación en aguas exteriores. La pesca desde tierra y las aguas interiores las regula cada comunidad autónoma, así que ahí manda la norma autonómica.
- No se puede vender la captura. El artículo 19 es tajante: las capturas «no podrán ser vendidas ni cedidas a terceros para un fin comercial».
- Licencia obligatoria. Los artículos 8 y 9 exigen licencia de la comunidad autónoma tanto desde tierra como desde embarcación. Si no la tienes clara, mira la guía de la licencia de pesca por comunidad.
Y un detalle que cambia lo que se lee por ahí: no existe talla mínima estatal para el calamar. El Real Decreto 560/1995 lo recoge en el anexo del caladero del Cantábrico y noroeste y del golfo de Cádiz marcado como «talla por determinar», y directamente no aparece en los anexos del caladero mediterráneo ni del canario. Eso no significa barra libre: varias comunidades autónomas fijan sus propias tallas y cupos diarios de cefalópodos, y esa es la norma que te van a pedir en un control. Compruébala antes de salir.
El equipo mínimo
- Caña: específica de eging, de 2,4 a 2,6 m, acción de punta sensible y rango de lance que cubra 8-25 g. Vale una caña ligera de spinning para empezar, pero la punta blanda de la de eging es lo que permite dar los golpes sin arrancar los tentáculos.
- Carrete: talla 2500-3000, con freno fino. El calamar no corre, pero rasga.
- Línea: trenzado fino, 0,6-0,8 PE. Se pesca por tacto y la trenza es lo que transmite el golpe seco de la picada, que muchas veces es solo un «peso raro».
- Bajo de línea: fluorocarbono de 0,20-0,26 mm, un metro largo.
- Extras: caja rígida con separadores, trapo y —si pescas de noche— frontal rojo para no perder la visión nocturna.
Cómo se anima: el patrón que funciona
El movimiento clásico del eging es sencillo y hay que respetar el silencio entre golpes:
- Lanza y cuenta la caída hasta que la línea se detenga o hasta el número de segundos que quieras trabajar. Contar es medio secreto: te dice a qué profundidad estás.
- Da dos o tres golpes secos de caña hacia arriba, recogiendo el hilo sobrante. La potera sube haciendo eses.
- Pausa larga. Cinco, ocho, diez segundos con la línea semitensa. Aquí es donde ataca el calamar, casi siempre.
- Repite. Cuando notes un peso extra o la línea se vaya de lado, clava suave y mantén tensión constante: si aflojas, el calamar se suelta.
Al cobrar, sube el calamar con calma y apúntalo hacia fuera del agua antes de subirlo a la roca o al pantalán: escupe tinta y agua a presión, y siempre acierta.
Dónde y cuándo
El calamar se busca en fondos mixtos de arena y roca, praderas de posidonia, bocanas de puerto, pantalanes y espigones. Le gustan las zonas donde hay pasillos entre estructura y arena limpia.
Las mejores franjas son el amanecer y, sobre todo, el atardecer y las primeras horas de la noche. En la costa española, el grueso de la temporada va de otoño a invierno, y en muchas zonas mejora con mar en calma y agua no muy revuelta: con marejada fuerte, la potera pierde el control de la caída y no hay forma de pescar.
Si es tu primera vez, un espigón con luz de puerto —de las que ya están instaladas, no las que lleves tú— y una potera 3.0 base roja es un buen punto de partida. Con eso y paciencia se resuelven muchas noches. Y si vienes de pescar desde arena con surfcasting, ten en cuenta que aquí todo es mucho más ligero y mucho más táctil.
Los tres errores que más se repiten
- No dejar caer. Recoger la potera como si fuera un señuelo de pez. La potera no pesca en la recogida, pesca en la pausa.
- Cambiar de color antes que de profundidad. Casi siempre el problema es que no estás a la altura del calamar, no que el tono no le guste.
- Aflojar al cobrar. Sin anzuelo con muerte, la tensión constante es lo único que mantiene al calamar enganchado. Y de ahí que el salabre ayude tanto cuando pescas desde un pantalán alto: subirlo colgando del hilo es la forma más rápida de perderlo.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas poteras necesito para empezar?
Tres: una 3.0 de caída normal y base roja, una 3.0 lenta en tono natural y una 3.5 rápida para viento o corriente. Con eso cubres casi cualquier noche.
¿Sirve la misma potera para sepia?
Sirve, pero no es lo ideal. La sepia se pesca más pegada al fondo y responde mejor a poteras de corona simple y caída lenta, trabajadas casi arrastrando.
¿La potera se puede usar en río o embalse?
No tiene sentido —no hay cefalópodos en agua dulce— y además algunas órdenes autonómicas de pesca continental prohíben expresamente el uso de poteras y de aparejos artificiales con más de un anzuelo en determinados cotos. La potera es un aparejo de mar.
¿Hace falta una caña específica de eging?
No para empezar. Una caña ligera de spinning de 2,4 m con trenzado fino te deja pescar. La caña de eging aporta una punta más blanda que respeta los tentáculos y transmite mejor la picada, que suele ser sutilísima.
¿Se pueden usar luces para atraer al calamar desde la orilla?
Depende de la normativa autonómica del litoral donde pesques, porque la pesca desde tierra la regula cada comunidad. Lo que sí está claro es que desde embarcación en aguas exteriores el artículo 12 del Real Decreto 347/2011 lo prohíbe expresamente, salvo el brumeo con pequeños pelágicos.